Casi estoy llegando a mi querido hogar después de un largo día de trabajo. Paro en seco. Estoy a tres minutos de casa y el supermercado no está a más de diez. El frigorífico da bastante pena y de la despensa mejor ni hablar, tengo que ir a comprar sí o sí. Debería subir a recoger mis bolsas de tela y alguna caja para hacer la compra. No me lo pienso dos veces, subo a toda prisa, las recojo y voy camino del supermercado.

Traigo las cajas para meter la fruta, ¿Es el mundo consciente de la cantidad de bolsas que se gastan para coger cada tipo de fruta? ¿Qué necesidad hay si luego va toda al frutero de nuestra casa?

Ojalá existieran aquí en Sevilla las tiendas llamadas ‘Zero Waste‘. Sé que cada vez hay más establecimientos especializados en este estilo de vida por Europa, siendo Amsterdam la ciudad promotora de esta gran idea. En ellas, se venden todos los productos sin embalar, como si fuera a granel.  “Si el mundo fuera consciente de la buena labor que hacen, no serían casos aislados. Habría una tienda así en cada ciudad del mundo”, pienso para mis adentros. . .

Me siento bien aportando mi granito de arena. Y qué mejor día para realizar un cambio en nuestras vidas, que hoy, Día Internacional del Reciclaje. Debemos intentar ser más conscientes de nuestros actos para contribuir a la protección del medio ambiente y parar el temido cambio climático.

No somos conscientes de la cantidad de animales marinos que mueren al año debido a la ingesta de residuos o atrapados en plásticos que les han impedido respirar. ¿Cuántas veces hemos ido a la playa dejando atrás alguna bolsa? ¿Cuántas veces se nos ha volado una y no le hemos dado la menor importancia?

El desconocimiento, en muchísimos casos, es el culpable de esa pérdida de vidas animales o esos frondosos árboles que tardarán años en ser los que eran.

Es muy triste saber que sólo el 12% de todo el plástico que consumimos se recicla. El resto acaba siendo basura que puede tardar cientos de años en degradarse. Hasta que eso ocurra se quedarán flotando en forma de partículas en mares y océanos.

Pero no quiero acabar en clave negativa, quiero que todos lleguemos a ser esa chica que sale del trabajo, esa persona altruista con ganas de cambiar el mundo para hacer de los océanos, mares y bosques, un lugar sostenible.  Un sitio en el que mueran cada vez menos árboles y en el que animales acuáticos naden tranquilos en aguas limpias.

Por ahora, la historia de la chica es solo una fábula, ¿Nos ayudas tú a qué se haga realidad?

Autora: Helena Carrasco Morera (Periodista). Colaboradora de Emegreen, agencia de comunicación sostenible de Sevilla.

 

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